sábado, 10 de marzo de 2012

τρία

Me gire lentamente esperando que no se notara en mis movimientos el temor que se había apoderado de mi ser. En cuanto voltee completamente pude observarlo con mas detenimiento, así como estaba, en todo su poderío; una altura de 3 metros con un cuerpo que recordaba la forma humana que no era musculoso, mas bien delgado pero con todos los músculos marcados; su piel carbonizada dejaba notar pequeños retazos de color cobre con marcas blancas por todo el cuerpo formando diseños extraños; un rostro lobunezco con dientes grandes y afilados que ocupan la mitad de su cara y unos ojos negros, con pupilas como de felino, rojas como el fuego; unas orejas desgarradas y un cabello negro alborotado.

Pero lo mas impresionante eran sus alas, no eran las alas que yo esperaría ver en un demonio. Alas como de murciélago hechas de una piel del mismo color que el cuerpo, pero estas eran diferentes ya que tenían parches de plumas por todos lados y, al igual que el resto de él, algunas plumas estaban quemadas mientras que otras se veían blancas, puras por así decirlo y algunas mas estaban manchadas de lo que parecía sangre.

Mientras que yo examinaba su cuerpo me iba calmando lentamente y él cambiaba su rostro de ferocidad por uno de engreimiento.

-Muy bien, te concedere este tu primer deseo- empezó a hablar con voz profunda y maliciosa-pero con esto queda sellado nuestro trato, me habían dicho que jugar contigo seria divertido, pero no pensé que lo seria tanto. No te preocupes, al final te tendré en mis manos para hacer de ti lo que debes hacer.

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